miércoles, 19 de octubre de 2016

Gracias Camoin/Jodorowski, gracias Heron.



Después de bastante tiempo (más de dos años, creo) y como resultado de dedicar ratos sueltos, con ganas a menudo sacadas de no sé dónde. Tras haber mejorado las herramientas para la edición y retoque de imágenes, así como mi conocimiento de las mismas; he dado por terminado mi proyecto personal de edición gráfica del tarot de Marsella, de Nicolás Conver.

Para ello me he servido fundamentalmente de dos referencias:
La fundamental, ya que ha sido el cristal a través del que he contrastado tanto mi trabajo como el ajeno, ha sido el tarot reproducido por Heron (Maîtres Cartiers), del conservado en la Biblioteca Nacional de París; el cual, a pesar de su degradada imagen, me ha permitido orientarme en los muchos momentos de duda y confusión.

La segunda referencia, y a la que sin duda siento especial agradecimiento, es el resultado de la colaboración de Philippe Camoin con Alejandro Jodorowski (en adelante C/J). Un tarot que, pese a no poder considerarse una verdadera restitución o renovación del tarot de Marsella, de Nicolás Conver, sino una síntesis de varios, con aspiraciones de asimilarse a un modelo antepasado común; sí que me ha sido de gran utilidad, para interpretar algunos colores difícilmente discernibles, así como modelo claro y nítido (aunque ocasionalmente poco fiel) en cuanto a las formas, líneas y espacios. Como tributo a éste último, he conservado detalles de su obra que, aunque no aparecen de modo estricto en el mazo de Conver, he aceptado como una mejora estética que ni impiden su interpretación, ni chocan a la vista. Básicamente han sido dos las concesiones a la versión de C/J, diferencias dentro del color verde en uno claro y otro oscuro, en naipes como La Justice o Le.Pendu; y por otra parte y quizás más controvertida, diferencias entre amarillo y naranja, que en el mazo de Conver son simplemente naranja.

He decidido que, aunque no son necesarias, estas aportaciones contribuyen a hacer el visionado más contrastado y luminoso. Poca es la diferencia entre el verde oscuro y el claro y, aunque más notable, el amarillo es un color tan cercano al naranja que, no desmereciendo en su calidez, aporta un añadido en la luminosidad de joyas y otros objetos.

Solo me queda valorar su impresión física, que quizás deba demorarse a un mejor momento de mi economía.

Ofrezco aquí una previsualización del conjunto, a pesar de que sé bien lo limitada que es.




Puede verse muy poco mejor pulsando sobre la imagen.

Original de Fcº Hidalgo en Axis

miércoles, 9 de septiembre de 2015

jueves, 7 de agosto de 2014

Las Maneras del Silencio



Los amerindios sabemos qué es el silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.

Nuestros ancestros fueron educados en las maneras del silencio y nos transmitieron este conocimento. Nos decían: observa, escucha y a continuación actúa. Este es el modo correcto de vivir.

Observa a los animales, para ver cómo cuidan a sus pequeños. Observa a los ancianos y mira cómo se comportan. Observa al hombre blanco, para ver lo que quiere. Observa siempre antes, con el corazón y el espíritu tranquilos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado suficientemente podrás actuar.

Los hombres blancos hacen lo contrario y aprenden a hablar primero. Recompensan a los niños que más hablan en la escuela. Durante sus fiestas hablan todos sin parar. En el trabajo tienen reuniones en las que todos se interrumpen entre sí y todos hablan cinco, diez o cien veces. Llaman a ésto "resolver un problema". Cuando están en una sala en la que reina el silencio, se ponen nerviosos, se desorientan. Necesitan llenar el espacio con sonidos y ruidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que quieren decir.

A los blancos les encanta discutir. Ni siquiera dejan que el otro termine una frase. Interrumpen continuamente. Para nosotros los amerindios resulta extremadamente irrespetuoso, incluso estúpido. Si empiezas a hablar no te interrumpiré. Te escucharé. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si estoy de acuerdo, salvo que sea realmente importante. En caso contrario, solo me callaré y me alejaré. Me dijiste lo que necesitaba saber. Nada más que decir. Pero para la mayoría de los blancos, eso no basta.

El hombre blanco debería considerar sus palabras como si fuesen simientes, gérmenes o semillas. Debería plantarlas y después permitirles crecer en silencio... Nuestros ancestros nos enseñaron que la Madre Tierra nos habla siempre, pero que debemos guardar silencio para oirla...

No lo olvides, hay muchas más voces que la nuestra. Muchas más voces...

 
(Kent Nerburn, Neither Wolf nor Dog. On Forgotten Roads with an Indian Elder, Novaro, New World Library, 2002, p. 304)

Original de Jean-Luc Colnot en Magick-Instinct
Traducido por Francisco Hidalgo en Axis

lunes, 1 de abril de 2013

Oración a la gran Diosa

 
MADRE NUESTRA



Madre nuestra, que eres esta tierra,

sentimos tu Vida, que es la nuestra;

agradezcamos cuanto compartes en nosotros;

respetemos tu Esencia,

en tu naturaleza, que es también la nuestra.

Gracias por tu fértil generosidad;

sabemos de tu paciencia, ante nuestros errores,

y así, nos enseñas a aceptar

a quienes no nos comprenden;

sepamos ver nuestros errores,

librándonos, a Tí cómo a nosotros,

del fruto de los mismos;

Amén.


domingo, 8 de abril de 2012

LA JUGADA PERFECTA


 […] Estamos demasiado acostumbrados a dar por sentado cosas sobre las cuales realmente no tenemos derecho ni siquiera a especular; por ejemplo, presumimos que el inconsciente aumenta la torpeza y sin embargo, podemos afirmar que los órganos que funcionan bien, lo hacen en silencio. El mejor sueño es sin ensueño. Incluso en el caso de juegos de destreza, a nuestras mejores jugadas les sigue el pensamiento “no sé cómo lo he hecho”; y no podemos repetir esas jugadas a voluntad. Desde que empezamos a pensar conscientemente en nuestra jugada, nos ponemos “nerviosos” y perdemos.

De hecho, hay tres categorías principales de jugadas; la mala jugada, que justamente asociamos a la atención vagabunda; la buena jugada, que acertadamente relacionamos con una atención concentrada; y la jugada perfecta, de la que nada comprendemos, pero que en realidad ha sido provocada por la costumbre de la atención concentrada convertida en independiente de la voluntad, capaz así de actuar libremente, a plena voluntad. (Alister Crowley, Magick IV)


 La conciencia es el síntoma de una enfermedad.

Lo que funciona bien, lo hace involuntariamente.

Todas las habilidades, todo esfuerzo, toda intención, son igualmente obstáculos a la soltura.

Practica esto mil veces y se hace difícil; un millón de veces y se hace fácil; un millón de veces y un millón más, y ya no eres Tú quién actúa, sino Esto a través de ti. Solo a este nivel, puede cumplirse correctamente un acto.

 Así contaba FRATER PERDURABO, cómo brincaba de un peñasco a otro, en la morrena, sin lanzar una sola mirada al suelo. (Alister Crowley, El Libro de las Mentiras)

  
El arquero deja de ser consciente de sí mismo, como persona aplicada en acertar en el centro del blanco que tiene en frente. Este estado inconsciente se obtiene únicamente cuando, vacío completamente y desprovisto de sí, se vuelve uno con la mejora de su técnica, aunque lo que haya dentro sea algo de un orden totalmente diferente, a lo que no se puede llegar por ningún estudio progresivo del arte… (El Zen en el arte caballeresco del tiro con arco, Eugen Herrigel)

 Original de Jean-Luc Colnot en Magick Instinct
Traducido por Francisco Hidalgo en Axis


sábado, 7 de abril de 2012

PARÁBOLA





Atended, dijo. Y comenzó a hablar con parábolas:

El Reino Desconocido se asemeja a un buscador de oro, que recorre la montaña. De repente, descubre la entrada a una cueva. Su sexto sentido le dice que en el interior hay oro. Pero triste y desafortunadamente para él, la entrada a la cueva está oscura, negra, sugiriendo una amenaza desconocida. Él solo frecuenta las luminosas zonas de la razón; cultiva la conciencia de ser, la sensación de ser. Precisamente por eso, camina por la montaña. Pero ahora que está ante la gruta y viniendo de la luz, es incapaz de ver nada ahí. Su miedo le impide entrar directamente en la caverna y para colmo de desgracia, al no haber previsto este hallazgo, no lleva consigo ninguna linterna. “¿Qué hacer?” se pregunta... Esta apertura sombría se abre completamente, cargada de malos presagios para él. Se encuentra a sí mismo frente a ella, desprovisto e incapaz de ver en el interior, allá donde la luz del sol exterior no llega.

El buscador de oro, reflexionando consigo, se dice: “¿Cómo haré para entrar en la caverna y ver? Si continúo avanzando así, no veré nada. La oscuridad me envolverá, ya que tendré la luz a la espalda, proyectando una sombra oscurecedora ante mí. ¿Quién sabe los peligros que no veré? Además, no podré encontrar el oro dentro, ni distinguirlo de un vulgar guijarro”.



De pronto, comprende y se dice: ”Ya sé lo que voy a hacer. Entraré de espaldas al interior”. Así lo hizo nuestro buen buscador de oro. Y para su gran sorpresa, la oscura entrada se iluminaba a medida que penetraba al interior, de espaldas a sí mismo. La luz ya no estaba tras su espalda. A medida que avanzaba, las preciosas paredes de la cueva aparecían a su alrededor; hasta que llegó al fondo, donde estaba el oro.

La cueva del corazón en la montaña del espíritu, es así. Existen dos modos de meditación. Una consiste en buscar la gruta y la otra en adentrarse en ella

La mayoría de las meditaciones pertenecen al primer tipo. Es como buscar, estando perfectamente iluminado por la luz del sol, en los alrededores de una montaña. Se le llama la vía afirmativa. Se avanza de frente, siempre de frente, iluminado por la brillante luz del Ser y el sol de los conocimientos espirituales.

Pero ocurre que se descubre la gruta, donde la luz del sol no entra. No se ve lo que hay ante sí. ¿Cómo proseguir entonces? ¿Y ver? Aquí comienza la via remotionis o vía negativa. Se entra en sí, pero de espaldas, con esta parte de lo que somos y que nunca vimos. Porque la única manera de ver, es entrando de espaldas.

Y para nuestra gran sorpresa, se ve. Surgen a los lados alejándose, ante la totalidad del cuerpo-espíritu-universo, la totalidad del tiempo pasado, futuro y presente, todos los dioses y todos los cielos. Se entra así en la profundidad mirando en lo recóndito de la oscuridad, hasta encontrar el oro.

La vía afirmativa nos sienta ante la gruta y nos pide concentrarnos hasta donde ilumina.

La gruta es nuestra propia espalda, el homo absconditus cordis, lo eternamente desconocido en nosotros. La via remotionis o vía negativa nos invita a entrar en el interior, conforme a un movimiento que retrocede de lo conocido hacia lo desconocido. De modo que en esta operación, lo conocido está frente a lo conocido, lo desconocido de espaldas a lo desconocido. Por eso tenemos una cara y una espalda, un delante y un detrás. Ante nosotros, está siempre lo que no somos, lo que está con nosotros y a nuestra espalda, está siempre lo que somos realmente.



Si retrocedemos aun más lejos de la sensación solar de ser, el conocimiento de ser y la conciencia de ser, todo lo que estaba ausente antes de nuestro nacimiento, todo lo que no estaba con nosotros, todo lo útil para descubrir la gruta, pero que confundimos con el origen; entonces la sensación, la conciencia y el conocimiento quedan delante, fuera, perdiéndose de vista poco a poco, sin que ésto anule o reste de lo que somos, sea lo que sea; de cara ante nuestro nacimiento que es el oro verdadero.


Original de Jean-Luc Colnot en Blissofnone
Traducido por Francisco Hidalgo en Axis

martes, 22 de marzo de 2011

Meditatio

Traigo hoy un video-montaje, que incluye una hermosa conversación, que por su espontaneidad, autenticidad y riqueza, creo que puede ser útil a quienes, desde el corazón, andan el camino sin doblez ni intereses creados.
Gracias a mis amigos a la par que hermanos, tanto por afecto como por la cercanía de su labor; que comprenden y transmiten lo que aquí se trata.


video


Mis agradecimientos, particularmente al autor de Magie inconnue, por su trabajo en el rodaje del vídeo, a Maxime, Jaïs, Morgan, Jean Luc y Philippe por su participación en el corto y en especial a Philippe, por transcribir el sonido del mismo, permitiéndome así una traducción más cómoda.

Nota: Originalmente este vídeo se encontraba alojado en http://blissofnone.blogspot.com/; actualmente no aparece en dicho blog, por lo que no puedo enlazar el vídeo original (sin subtitular) en su contexto.

Traducido y subtitulado por Francisco Hidalgo en Axis.

domingo, 1 de agosto de 2010

Las ocho puertas




Tratamos aquí las puertas de la presencia espontánea del Corazón y no es por casualidad en absoluto.
Ciertamente, Ala al-Dawlah distingue en el corazón siete desarrollos sucesivos en los diferentes colores y en los niveles especificos de profundización espiritual. También, la tradición china establece una relación directa entre las siete estrellas de la Gran Osa por una parte y las siete aperturas de otro lado. Más recientemente, Yves Albert Dauge distinguía las siete llamas, las siete potencias del corazón. Siete y no ocho.
Pero aquí, el corazón está relacionado con la cifra ocho más que con el siete. Y por otra parte, es menester señalar que la relación entre el ocho y el corazón es extremadamente frecuente en la mayoría de las tradiciones, vengan de Occidente o de Oriente.
El sol, que es al macrocosmos lo que el Corazón Espiritual es al hombre, fue representado muy frecuentemente bajo su forma hermética, con rayos rectos y ondulados cuyo número es de ocho, o un múltiplo de ocho. ¿Porqué ocho rayos? Porque el sol interior, el Cristo interior es el poder de vida del Nuevo Hombre.

El número ocho expresa el primer día que sucede a la semana precedente (7+1) y corresponde numéricamente a la letra héta del alfabeto griego y a la letra heth ח del alfabeto hebreo. Ahora bien, el nombre de la letra heth ח en hebreo se escribe חית y una permutación de sus letras ofrece חתי que significa nacer de nuevo. Además hay que remarcar que Jesús, el arquetipo del renacimiento y la resurrección, lleva en su nombre griego la expresión perfecta del renacimiento: Jesous: Iota (10)+ héta (8)+ sigma (200)+ omicron (70)+ epsilon (400)+ Sigma (200)= 888.

El numero ocho, el octógono, es un número mediador entre el cielo y la tierra. Conocemos toda la importancia del ocho a través de las construcciones templarias y no ignoramos que los baptisterios octogonales abundan en nuestra arquitectura sagrada. Ocho es el número de los radios de la rueda celta, igual que la Rueda del Dharma. También el de los pétalos del loto y de los senderos de la vía. Jesús abre su sermón de la montaña con las ocho bienaventuranzas que llevan hacia la visión del corazón. Y notaremos que en el árbol sefirótico, Tifereth, que encarna el Corazón Espiritual, está situada en la encrucijada de ocho senderos. No cabe duda, el ocho está ligado con el renacimiento y el Corazón. Por esta razón se habla de las ocho presencias espontáneas del Corazón, el cual constituye la verdadera puerta de entrada a la Comunidad de la Luz o Ekklesia, como un sabio hizo notar: “La entrada de esta escuela está en nosotros mismos; pero solo encontramos la puerta cuando estamos maduros, es decir cuando hemos concebido la verdadera base de la humildad” (D'Eckartshausen).

La práctica de las ocho puertas de la presencia espontánea realmente no se enseña. No se puede acercar más que acercándola el que la pone en práctica. Cada puerta tiene un color, una letra, un órgano, una respiración. Sin embargo, lo esencial de la puerta no está en la práctica elaborada sino en la misma puerta. Para poder practicar las ocho puertas de la presencia espontánea, es necesario haber recibido la transmisión de la misma. Esta transmisión obra por comunicación de sabor, porque no se puede practicar ninguna de estas ocho puertas sin estar al alcance de su sabor.

Las ocho puertas son ocho medios, ocho sabores que encarnan la presencia aquí y ahora. Multiplican la magia del toque del ser de un modo totalmente inconcebible. Es una práctica que usan los instructores en sí mismos durante las prácticas, para hacer circular la energía del despertar y hacerla palpable, por así decirlo, a través de un sabor singular. Pero para poder poner en marcha este medio mágico, la base de la práctica debe empezar necesariamente con la manifestacion de ese sabor espontáneo, sin el cual, la presencia no sería ya la presencia espontánea del corazón. Se constata pues que el sabor ontológico aquí no es creado; está profundizado, distribuido y amplificado por la acción del cuerpo de gloria.

Las ocho puertas de la presencia espontánea son:

1) La puerta del cuerpo: Regreso a los sentidos porque se arraigan en el instante. Vuelvo a mi cuerpo, a sus movimientos, a sus percepciones, a su respiración. Resucitado a esto. Presencia espontánea.
2) La puerta del Amor: Vuelvo a la compasión que siento por quienes me rodean, me abro a su deseo de Despertar, experimento esta ternura que hay de saberos en camino, siento la unidad, la Ekklesia, el hecho que compartimos. Descubro la bondad del universo para conmigo. Me da el aire, la luz, un suelo donde poner los pies... No me rechaza nada, está abierto. Resucitado a ésto: Presencia espontánea.
3) La puerta del silencio: Retorno a la no discursividad exterior, interior y secreta. Soy puro silencio. Nada sé. Nada es intrínsecamente existente. Resucitado a ésto: Presencia espontánea.
4) La puerta de la luz: Vuelvo a la calidad luminosa y espaciosa de lo que es. Todo brilla. Todas las apariencias revelan esta luz, esta presencia de consciencia. ¡Está por todos lados! Es la sabiduría que preside a todos los fenómenos. Todo es extraordinariamente preciso, totalmente en su lugar. Todo funciona con una enorme, una insuperable sabiduría. La tierra gira, el pájaro canta, el árbol brota. Es luminoso. Vuelvo a la sabiduría que hay detrás de todo ésto. La sabiduría despierta está en todo lugar. Resucitado a ésto: Presencia espontánea.
5) La puerta no dual: No hay yo y los otros, el bien y el mal, el despertar y la confusión, el absoluto y lo relativo, lo finito y lo infinito, el Ser y el ego. Viendo eso, resucitado a ésto: Presencia espontánea.
6) La puerta del desapego: La situación es la situación. No es mía. No se centra en mí y no está hecha para obedecerme. No tengo que decir sí, no tengo que decir no. Ni rechazo ni adopto. Rendido a ésto: Presencia espontánea.
7) La puerta más allá del tiempo: Me doy cuenta de que el pasado y el futuro no existen. No puedo tocarlos. No busco nada ya. Estoy libre de proyectos. No tengo historia. Resucitado a ésto: Presencia espontánea.
8) La puerta de confusión: Incluso la confusión es una puerta de Despertar. Todos los malos impulsos, todos los obstáculos, todas las carencias, todas las oscuridades se auto-liberan porque veo que emergen de la fuente única. Todo está ya totalmente despierto, incluso la confusión. Resucitado a ésto: Presencia espontánea.

Original de Jean-Luc Colnot en http://blissofnone.blogspot.com/2009/12/les-huit-portes.html

Traducido por Francisco Hidalgo en Axis.

miércoles, 7 de julio de 2010

Microprácticas

Quiero traer una perla más del estupendo sitio web Terre du Dragon (Tierra del Dragón).
En esta ocasión es de Jaïs Pingouroux; quién a pesar de que dice ser "solo" el webmaster del sitio web, resulta ser también el autor de esta acertadísima propuesta. Gracias estimado Jaïs; tra
igo aquí tu trabajo en otro idioma, con la intención de acercarlo a quienes, por desconocer tu idioma, dejarían de disfrutar de este hermoso artículo.
Desde aquí, mi reconocimiento más sincero.




En nuestra práctica, trabajamos la toma de conciencia de nuestra presencia en el mundo, a través de numerosos pequeños ejercicios.
Esta atención en el momento presente, seguramente tiene lugar durante las meditaciones, marchas meditativas o reuniones alrededor de una hoguera campestre por ejemplo; pero también podemos experimentarla en cada cosa que realizamos durante la jornada.
Ésto permite mezclar íntimamente el trabajo espiritual con la vida cotidiana; realizando así el trabajo de varios elementos (ver: Entrenamiento en cinco puntos) sobre la ausencia de barreras entre la vida ordinaria y la vida espiritual: cada instante, cada segundo, cada acción implica aspectos que podemos usar en la práctica. Es una manera de introducir la meditación en el seno mismo de la vida cotidiana: una forma de meditación activa.
Las llamamos “microprácticas”, porque generalmente son cortas, y contribuyen de modo modesto pero regular al trabajo sobre sí mismo.

La base de las microprácticas es la toma de conciencia en la pausa o ralentización de un proceso. Por ejemplo, cuando se disponen a tomar un vaso de agua, súbitamente, se les ocurre convertirlo en una micropráctica. Ralentizáis considerablemente vuestro gesto, sintiendo cada uno de los músculos de vuestro brazo poniéndose en acción, mientras que éste se aproxima al vaso. Sentís los músculos de su cara, estáis atentos a vuestra respiración, a lo que sentís (¿tienen la garganta seca?). Vuestros dedos se cierran suavemente alrededor del vaso y experimentáis el contacto con la materia. Estáis completamente atentos al proceso, a la acción. Puede que esta focalización de sus facultades cognitivas os vuelva, en cambio, menos atentos a lo que les rodea. Pero ésto no es grave, existen otros ejercicios para hacer surgir la Presencia, trabajando la atención al entorno. Por el momento, os concentráis sobre el lento movimiento de repliegue de su brazo, sobre el contacto de vuestros labios con el borde del vaso. Por fin el agua entra en vuestra boca. ¿Está fría o caliente? ¿Tiene algún gusto? ¿Qué sensación os procura? ¿La sentís deslizarse a lo largo de vuestro esófago hasta el estómago?
Puede que hayáis empleado un minuto largo para beber este vaso, o bien sólo habéis empleado algunos segundos, si no habéis estado atentos a lo que hacíais. Pero durante esos discretos segundos, el discurso mental se ha atenuado, la agitación interior se ha apaciguado.
Han introducido la meditación en un acto cotidiano.
Podéis hacer lo mismo al andar, cuando coméis, cuando fumáis un cigarrillo. Pero también cuando os concentráis en el cuerpo y sobre las tensiones que lo habitan, volviendo la atención hacia los hombros tensos por el estrés del trabajo, hacia los entrecejos fruncidos o incluso en las mandíbulas apretadas.


Original de Jaïs Pingouroux en http://www.terredudragon.fr/articles.php?pg=art23.

Traducción de Francisco Hidalgo en Axis.

miércoles, 23 de junio de 2010

Anexo: Trabajo con las Emociones (tabla)

Para terminar la serie de artículos del "Entrenamiento en cinco puntos", muestro aquí la traducción de unos apuntes añadidos por el autor; cuyo propósito fue ayudar a aclarar el sentido general de estos textos, de modo informal, a quienes iba dirigido originalmente (1996). Tras revisar su contenido, me ha parecido oportuna su inclusión, que espero pueda ser útil ahora a quienes siguieron esta serie de artículos en este blog.

PD: Esta tabla no se publicó en Terre du Dragon. Fue publicada originalmente en el blog de autoría compartida Bliss of None
Pulsa sobre la imagen para agrandarla y así poder leerla con mayor claridad.


Original de Jean-Luc Colnot.
Traducido por Fcº Hidalgo en Axis.

lunes, 21 de junio de 2010

La Conciencia Superior

Este último aspecto del entrenamiento en cinco puntos parece ser el resultado y la quintaesencia de las cuatro prácticas precedentes, al mismo tiempo que la base sobre la cual se construirá el futuro trabajo del compañero de la Escuela del Despertar.

Si bien solo parece ser un resultado, este quinto aspecto del trabajo de aprendiz no supone menos prácticas y técnicas específicas. Sin embargo, aquí no se trata de desarrollar directamente estados de consciencia superior y de Presencia, sino más bien de trabajar en la eliminación de los obstáculos que lo impiden y en las recuperaciones egóticas que le suceden.

Para trabajar en este territorio estremadamente sutil correspondiente al elemento Éter, el instructor usa los recursos que la misma Gnosis pone entre sus manos.

Me parece sin embargo prematuro consignar por escrito las bases de este trabajo. Lo único que se puede decir por ahora, es que el trabajo propio de este aspecto del entrenamiento en cinco puntos no se puede realizar desde la conciencia ordinaria, tanto por parte del instructor como del aprendiz. El lugar de encuentro y de práctica es el lugar de la Presencia. Apoyándose pues en la claridad extrema de la Presencia para poder prolongar el trabajo interior. Aquí, se trata de una inmersión en apnea en el mismo corazón de su mundo interior, inmersión sostenida por una claridad de visión mucho más profunda que la de la consciencia ordinaria, ya que se desarrolla directamente gracias a la Presencia. En este trabajo, el aprendiz y el instructor operan apoyándose en poderes espirituales que la consciencia ordinaria ignora. La mirada está modificada por una cualidad penetrante de precisión extrema. Se percibe lo sutil, lo tenue, lo inaprensible que se despliega bajo la superficie visible. Un universo interior velado por el movimiento incesante de las olas exteriores que captan toda atención e impiden dicha inmersión en el corazón del oceano, dejada atrás la espuma de las apariencias, comienza a dejarse entrever. Para ésto, hace falta cierta madurez del ser que se deja atrapar menos por los reflejos sin fin de las formas mentales y se apoya “en otra parte” en la otra orilla. Porque es necesario habitar una pequeña parcela de esta Tierra Pura que no pertenece en absoluto al “devenir”, es decir haber desarrollado cierto estado de quietud, inmovilidad, claridad, para crear la distancia que permita observar lo que escapa a la mirada común. Esta visión profunda y penetrante no es un análisis, una introspección o una reflexión en nosotros mismos, sino cierta cualidad de atención, de Presencia, límpida y luminosa. Ésta es la base del trabajo propio al quinto aspecto del entrenamiento del aprendiz. Es también una visión fulminante que rebota en el menor impulso mental, antes incluso de que éste se haya expresado enteramente, una visión que percibe este instante casi imperceptible en el que nace la sensación de identidad, donde se revela el ego; esta décima de milésima de segundo donde se muestra sin máscara.

Ordinariamente, siempre es después cuando percibimos el pensamiento o la emoción, una vez que ya se ha instalado en la consciencia. Hemos sido tomados, llevados, poseídos por ellos y solo podemos comprenderlo “retrospectivamente”, Dando una vuelta sobre nosotros mismos que deja escapar este momento del nacimiento de la ilusión. Pero en la calma y la claridad de la Presencia, vemos realmente como se forma la persona, como nace, se desarrolla, se disuelve, de instante en instante, y profundizando siempre más en ese mecanismo, todas las creencias, todas las evidencias caen y nos dejan completamente desnudos, Insondable Caballero de lo Abierto.

Esta cualidad penetrante de la consciencia está también presente durante el ritual de iniciación del aprendiz. Y si el alumno la reconoce, necesariamente es porque participa de ella.


Original de Jean-Luc Colnot en http://www.terredudragon.fr/articles.php?pg=art22
Traducción de Francisco Hidalgo en Axis.

Al calor de la Tradición